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#21. Cargo cult science

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   Titulo esta entrada exclusivamente en inglés porque la traducción al español suena fatal. Sería “ciencia tipo culto a la carga”, o “ciencia de culto a la carga/mercancía”, o algo por el estilo. El término lo acuñó el físico y premio Nobel Richard Feynman en el discurso que dio durante la apertura del año académico en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) en 1974. El texto apareció más tarde como epílogo de su libro Surely you’re joking, Mr. Feynman!, que se publicó en 1985. Ben Goldacre hace un par de referencias en su libro Mala Ciencia. Aunque largo, merece la pena leerlo. El original en inglés lo tienes aquí. También hay disponible una traducción al español aquí y un vídeo.

   ¿Qué es o a qué se refiere cargo cult science? Aunque Feynman habla de pseudociencias a lo largo del discurso, no se trata exclusivamente de eso. Se refiere a algo más amplio.

   Primero debemos saber qué es el culto a la carga. En palabras del propio Feynman:

“En los Mares del Sur hay pueblos que adoran a los aviones de carga. Durante la guerra, vieron aviones que aterrizaban con cantidades de mercancias, y desean que eso vuelva a ocurrir. De modo que se han organizado para construir cosas parecidas a pistas de aterrizaje, prender fogatas a ambos lados de las pistas, levantar refugios de madera en los que se sienta un hombre –el controlador de vuelos– con piezas de madera en la cabeza –similares a auriculares– y varas de bambú –en forma de antenas–, y esperan que aterricen aviones”.

   Se trata de un fenómeno que surgió a raíz de la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses construyeron distintas bases militares en algunas islas del Pacífico habitadas por pueblos que se habían mantenido totalmente aisladas del resto del mundo. Las tribus que las poblaban se maravillaban con los enormes pájaros de metal que surcaban el cielo, y con las cajas repletas de mercancías que traían a los hombres blancos.

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   Los isleños notaban que los extranjeros que disfrutaban de esas maravillas nunca las hacían por sí mismos. Cuando algo se rompía lo desechaban y lo suplían con repuestos nuevos que llegaban como carga en los aviones. Nunca vieron a ningún hombre blanco hacer o reparar nada. La carga debía ser de origen sobrenatural. Además, los hombres blancos hacían ciertas cosas que sólo podían entenderse como ceremonias: construían mástiles con alambres enganchados a ellos; se sentaban a escuchar pequeñas cajitas que brillaban con luz y emitían curiosos sonidos y extrañas voces; persuadían a los nativos para que se vistiesen con una indumentaria idéntica a la suya y marchasen de un lado a otro, o sea, desfilasen. Los nativos creyeron encontrar la respuesta al misterio: esos rituales le servían al hombre blanco para persuadir a los dioses de que enviasen la mercancia. Y si los nativos querían esa carga, entonces tendrían que realizar esos mismos rituales. Cuando la guerra acabó, los occidentales se marcharon y los aviones dejaron de aterrizar. Los nativos entonces imitaron las prácticas de los hombres blancos.

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   Hay más. Algunas de estas sectas, como la existente en la isla de Tanna, en el archipiélago de Vanuatu, perdura hoy día y tiene su propio mesías: John Frum. Se piensa que este nombre surge de la deformación de la frase I’m John from America con la que debió presentarse a los nativos alguno de los soldados de las fuerzas aéreas estadounidenses; sería la parte de la frase que les quedó grabada. Los nativos seguidores del culto creen que John Frum volverá un día a la isla cargado de provisiones, entre las que se incluiría un motor de 25 CV para el barco del pueblo. Cada 15 de febrero los seguidores del culto celebran el día de John Frum, siendo ese el día en el que volverá el mesías, aunque desconocen de qué año. No se sabe si John Frum existió realmente. Lo que sí se sabe es que la secta de Tanna no es la única existente, hoy día permanecen otras.

   El vídeo que podéis ver a continuación ilustra todo esto de manera magistral. (La primera parte, además, muestra las caras de devastación de algunos nativos cuando se les muestran sus venerados aviones de carga. Demoledor.)

   Y, sin embargo, a pesar de que los seguidores de estas sectas lo hacen todo correctamente (construir las pistas de aterrizaje, los aviones, las radios y las torres de control utilizando ramas, pieles, bambú y cocos, y simulando los ritos que habían visto practicar, desfiles militares y cambios de guardia incluidos), nada funciona. No aterrizan aviones.

   La historia del culto al cargo que Feynman emplea en su discurso no es más que una metáfora: los miembros de la secta siguen los mismos pasos que otros antes que ellos –los expertos–, pero les falta la comprensión de lo que ocurre en realidad y por qué lo que hacen no es efectivo. A este tipo de cosas, Feynman las llama “ciencia del culto a la carga porque siguen todos los preceptos y formas aparentes de la investigación científica, pero les falta algo esencial, pues los aviones no aterrizan”. Es decir, parece ciencia pero no lo es. ¿Qué es lo que falta?:

“Una idea que confiamos que ustedes aprendan cuando estudian ciencias en la universidad. Nunca decimos explícitamente en qué consiste, pero esperamos que la capten mediante todos los ejemplos de investigación científica. Es un tipo de integridad científica, un principio de pensamiento científico que corresponde a una honestidad absoluta, una predisposición a ser quizá excesivamente cautelosos. Por ejemplo, si están haciendo un experimento, no sólo deben describir lo que juzguen que es correcto, sino todo aquello que pueda invalidarlo: otras causas que podrían explicar sus resultados, las cosas que crean que otros experimentos descartaron, y cómo funcionaron, para asegurar que los demás puedan saber qué cosas se eliminaron”.

   En definitiva, cargo cult science es ciencia opaca, no transparente, y que deja de explicar sus limitaciones. Si un científico ha decidido comprobar una hipótesis o explicar una idea debería publicar todos los resultados, sean los que sean, los favorables y los desfavorables. No se deberían publicar los resultados favorables únicamente porque se estaría deformando la realidad y, en definitiva, manipulando.

   Pero, ¿qué tiene que ver esto con la analogía del culto a la carga si los miembros de estas sectas no adolecen de transparencia precisamente? Para algunos autores, en realidad, invocar a los aviones de carga no es una buena metáfora de hacer ciencia (entendida como realización de experimentos). La historia de estos aviones sería irrelevante pero Feynman se sirve de ella a propósito para llegar donde pretendía: la ciencia a la que le falta transparencia y honestidad, es decir, mala ciencia, o ciencia deshonesta. Es decir, Feynman simplemente la usó para captar la atención de los oyentes de su discurso. Para la mayoría de opiniones, sin embargo, el símil es válido pues la historia trata sobre aprender a no engañarnos a nosotros mismos. Para Feynman:

“El primer principio es que uno no se debe engañar a sí mismo, y la persona que es más fácil de engañar es uno mismo. De modo que ustedes deben ser muy cuidadosos a este respecto. Después de que no se engañen a sí mismos, es fácil no engañar a otros científicos. Después de eso basta ser honestos de la manera convencional. (…) No debemos engañar a los profanos cuando hablamos como científicos. (…) Les estoy hablando de un tipo específico, adicional, de integridad, que no consiste en no mentir sino en esforzarnos para mostrar que podemos estar equivocados, de la actitud que debemos tener cuando obramos como científicos. Y es ésta nuestra responsabilidad como científicos, sin duda con otros científicos, y según mi convicción también con los profanos”.

   En cualquier caso, lo importante es que Feynman hace un alegato sobre la integridad frente al sensacionalismo y el miedo a estar equivocados. Lanza un mensaje sobre la sequía de pensamiento crítico que ha desembocado hoy día en una inundación de pseudociencias. Y esto vale para científicos y no científicos.

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   The term cargo cult science was coined by the physicist and Nobel prize laureate Richard Feynman in the speech he gave in the opening ceremony of the academic year at the California Institute of Technology (Caltech) in 1974. The speech was published in 1985 as the epilogue to his book Surely you’re joking, Mr. Feynman! Ben Goldacre made a couple of mentions in his book Bad Science. Although long, the speech is worth the reading and you can do so here. There is also a video available here.

   What is or what does cargo cult science refer to? Although Feynman talks about  pseudosciences throughout his speech, it is not exclusively that. It refers to something wider.

   First we must know what cargo cult is. As Feynman mentions:

“In the South Seas there is a cargo cult of people. During the war they saw airplanes with lots of good materials, and they want the same thing to happen now. So they’ve arranged to make things like runways, to put fires along the sides of the runways, to make a wooden hut for a man to sit in, with two wooden pieces on his head to headphones and bars of bamboo sticking out like antennas —he’s the controller— and they wait for the airplanes to land”.

   It is a phenomenon that started during the II World War, when North Americans built military bases in a few islands of the Pacific Ocean. The tribes who inhabited these islands had remained totally isolated from the rest of the world and were amazed at the enormous metal-made birds which flew in the sky, and at the boxes full of goods brought by the white man.

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   The islanders realized that the foreigners who enjoyed those wonderful things never made the goods by themselves. If something broke it was discarded and replaced by a completely new merchandise brought into the island in the cargo of the planes. They never saw any white man make or repair anything. The cargo had to be of supernatural origin. Besides, the white man did certain things which could just be taken as ceremonies: he built poles with wires hooked to them; he sat and listened to small boxes that glowed with light and emitted strange sounds; he persuaded the natives so they would dress in a similar fashion and parade back and forth. The natives believed they had found the answer to this mystery: the rituals helped the white man to convince the gods into sending the cargo. And if they the natives wished the same cargo, they would need to do the very same rituals. When the war was over, the Westerners took off and the planes stopped landing. The natives started to mimic the white man’s practices.

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   There is more. Some of these cults, as the one found in the island of Tanna, in the Vanuatu Archipelago, is active nowadays and has its own messiah: John Frum. This name is thought to derive from the phrase I’m John from America with which a member of the American Air Force must have introduced himself to the natives; the name would be the part of the phrase that they remembered. The native cultists believe that John Frum will return to the island one day loaded with goods, among them a 25 HP motor for the people’s boat. Every February 15 the cultists celebrate John Frum’s Day, the day when the messiah will come back, although the year is uncertain. It is not actually known whether John Frum ever existed. What is really known is that Tanna’s cult is not the only one remaining in the Pacific as of today.

   Here is a video that shows all this in a superb way. (The first part also shows the cargo cultists’ devastation when they are faced with the realization that their ideals and beliefs are false.)

   However, even though this cultists do everything right (build runways, planes, radios, and control towers with branches, animal skins, bamboo and coconuts, and mimic the rituals, parades and changes of the guard that they saw before), nothing works. No plane lands.

   This cargo cult story that Feynman uses in his speech is just a metaphor: the cult members follow the exact same steps than others before –the experts–, but they lack the understanding of what actually happens and why what they do is not effective. This type of things Feynman refers to as “cargo cult science, because they follow all the apparent precepts and forms of scientific investigation, but they’re missing something essential, because the planes don’t land”. In other words, it looks like science but it is not. What is missing?:

“That is the idea that we all hope you have learned in studying science in school—we never say explicitly what this is, but just hope that you catch on by all the examples of scientific investigation. It is interesting, therefore, to bring it out now and speak of it explicitly. It’s a kind of scientific integrity, a principle of scientific thought that corresponds to a kind of utter honesty—a kind of leaning over backwards. For example, if you’re doing an experiment, you should report everything that you think might make it invalid —not only what you think is right about it: other causes that could possibly explain your results; and things you thought of that you’ve eliminated by some other experiment, and how they worked—to make sure the other fellow can tell they have been eliminated”.

   So cargo cult science is opaque science, science which is not transparent, and which does not explain its potential limitations. If a scientist decides to test a hypothesis or explain an idea he/she should publish all results obtained, whatever they are, favorable and unfavorable. Not just favorable results must be published because that is deforming and, in the end, manipulating reality.

   But what does that have to do with the cargo cult analogy? (The cargo cultists do not exactly lack transparency.) For certain authors summoning cargo is not a good metaphor for doing science (carrying out scientific experiments). The cargo cult tale would be irrelevant but Feynman used it on purpose to get where he wanted to get: science that lacks integrity and transparency, that is, bad science, dishonest science. In other words, Feynman simply talked about it to grasp his audience’s attention. The majority of opinions, however, are that the analogy is valid because the story deals with learning to not fool ourselves. For Feynman:

“The first principle is that you must not fool yourself—and you are the easiest person to fool. So you have to be very careful about that. After you’ve not fooled yourself, it’s easy not to fool other scientists. You just have to be honest in a conventional way after that. (…) You should not fool the layman when you’re talking as a scientist. (…) I’m talking about a specific, extra type of integrity that is not lying, but bending over backwards to show how you’re maybe wrong, that you ought to have when acting as a scientist. And this is our responsibility as scientists, certainly to other scientists, and I think to laymen”.

   In any case, the important thing is that Feynman makes a passionate statement about integrity over sensationalism and the fear of being wrong. He sends a message on the draught of critical thinking that has resulted in the current flood of pseudosciences. And this goes for scientists and nonscientists.

Referencias / References

Neil Brown. Cargo cult science: A muddled term. 2013. https://academiccomputing.wordpress.com/2013/09/01/cargo-cult-science-a-muddled-term/

Raúl Arnaíz. El día de John Frum. http://raularnaiz.blogspot.com.es/2013/02/el-dia-de-john-frum.html

Al Stefanelli. The Cargo Cults: Religion based on old-world representations of modern technology. 2013. http://www.goddiscussion.com/113192/the-cargo-cults-religion-based-on-old-world-representations-of-modern-technology/

Maria Popova. Cargo Cult Science: Richard Feynman’s 1974 Caltech Graduation Address on Integrity. http://www.brainpickings.org/2012/06/08/richard-feynman-caltech-cargo-cult-science/

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